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Una época glaciar se extiende lentamente sobre la Tierra. Durante muchísimo tiempo el clima se vuelve cada vez más frío. Cada año cae más nieve y más de ésta permanece todo el año. Se comprime hasta endurecerse y se forman glaciares: enormes masas de hielo tan pesadas que se mueven a causa de su propio peso.

Con el tiempo, gran parte del agua de la Tierra se congela. El nivel de los mares desciende, dejando al descubierto tierras nuevas en las zonas costeras.

Mientras la masa de hielo se mueve sobre la Tierra, el suelo sufre cambios. El enorme peso del hielo que avanza aplana montañas y cubre valles, desgasta las tierras y tritura las rocas. 

Las rocas arrastradas por el glaciar forman las morrenas.

¿Qué es lo que provoca una época glaciar? Se sabe que los continentes se mueven. Las épocas glaciares se originan cuando un continente como la Antártica se desliza sobre uno de los polos terráqueos o cuando el Ártico queda aislado de las corrientes de otros mares.

Las condiciones son entonces tan frías en la región polar que el hielo se acumula. Las grandes placas de hielo se mueven hacia el Ecuador. Una época glaciar puede durar cientos de miles de años. 

Durante ese tiempo, las irregularidades en la órbita de la Tierra y en sus períodos de rotación provocan cambios en la cantidad de luz solar que llega a la Tierra y períodos fríos o etapas glaciares se alternan con etapas templadas.

Ahora estamos en una época glaciar, pero en una etapa cálida. Esta época glaciar comenzó alrededor de 1 ¾ millones de años.  

Hoy día, los glaciares cubren sólo una décima parte de la Tierra. Los científicos no esperan un período de hielo hasta dentro de 5 mil a 100 mil años más.



Para mantener un hermoso cutis, te invito a que sigas éstas recomendaciones, que serán muy útiles a la hora de mostrar tu belleza natural.
  1. Lo primero que se debe realizar es mantener la piel limpia diariamente, fuera de impurezas, lavando con agua tibia o agua mineral. Para estar seguros que la piel ya no tiene restos de maquillaje, hay una forma muy efectiva de desmaquillar, reparar y darle un brillo especial a la piel y es el maravilloso aceite de oliva, que era utilizada por la reina Egipcia Cleopatra, famosa por su belleza.
  2. La mejor forma de aplicar el aceite de oliva es utilizando discos de algodón: viertes gotas de aceite de oliva en el disco y suavemente comienzas a esparcir por toda el rostro, empezando desde la frente, bajando por las mejillas, hasta llegar por el cuello y finalizas en tus ojos, porque conocemos que los ojos son la parte más delicada del rostro y donde suelen quedarse restos de maquillaje. Permite que tu piel se hidrate por 5 minutos con el aceite.
  3. Luego es indispensable realizar una infusión de agua de manzanilla o tomillo para lavar tu rostro cualquiera de las dos hierbas es efectiva, quitarán el resto de rímel, delineador, sombras y harán reducir las bolsas y ojeras. 
  4. Para finalizar, opcionalmente puedes colocarte una mascarilla casera que dejará tu piel con salud y belleza. Un práctico, casero y muy económico elemento para ello es la miel y el azúcar, harán lucir tu piel radiante, tersa y te ayudará a eliminar las células muertas. Empieza colocando pocas cantidades de esta mascarilla por todo tu rostro, menos en el contorno de ojos y labios, relájate por 15 minutos realizando masajes suaves y regenerativos, nuevamente lava tu cara con agua tibia o agua mineral.

Con estos fáciles y rápidos consejos podrás lucir joven y hermosa.

Al despertar, en una mañana fría de otoño miras al exterior, el prado y los árboles parecen ser de otro mundo. Como si alguien hubiera llegado durante la noche para rociarlos de azúcar glass: es, naturalmente, la escarcha.

Si crees que el agua sólo es líquida, te equivocas. Puede ser un gas invisible, llamado vapor, que se halla suspendido en el aire. También puede ser sólida: el hielo. La escarcha es una clase de hielo.

Durante una noche clara y serena, el calor se desprende del suelo. Éste se enfría junto con el aire cerca del suelo. Si el aire se enfría a un grado determinado, el vapor de agua en contacto con cualquier superficie fría, como una hoja o el cristal de una ventana, cambiará de estado. Cuando la temperatura es de 0 grados centígrados o más baja, el vapor se convierte directamente en cristales de hielos: la escarcha.

El aire caliente que sale de la boca en un día frío se convierte instantáneamente en escarcha. La escarcha se forma también en los árboles. La temperatura del aire desciende lo suficiente como para que el vapor de agua se convirtiera en escarcha.



Si observas una nube de tormenta, podrás advertir que cambia de forma y se mueve rápidamente. Fuertes corrientes de aire dentro de la nube hacen que ésta se agite como una olla de agua hirviendo.

Las partes más altas de la nube alcanzan el aire más frio que congela el agua. Si la nube contiene corrientes fuertes de aire, éstas constantemente arrojan gotas de agua hacia arriba y hacia abajo. Cuando las gotas llegan arriba, se congelan. Al caer de nuevo arrastran una capa de humedad. Las corrientes lanzan a la gota hacia arriba una vez más y la capa se congela, formando una segunda capa de hielo. Una vez y otra vez las corrientes arrastran los cristales congelados arriba y abajo dentro de la nube.

Al cabo de un rato, los granos de hielo son tan pesados que las corrientes de aire ya no pueden sostenerlos. Así, caen al suelo en forma de granizo, aunque a veces es una corriente fuerte de viento que los arrastra hasta el suelo. 

Si cortas un granizo, podrás ver muchas capas. Esas capas se parecen a las capas que tiene una cebolla. Cada capa es el hielo que cubrió la gota de agua al subir y bajar dentro de la nube. Sólo en las tormentas fuertes cae el granizo. Sus granos suelen ser chicos, de menos de 1 cm de diámetro. 

Pero hay tormentas violentas que pueden arrojar granizos más grandes. Un granizo de mayor tamaño puede dañar la carrocería de un coche, hacer abolladuras, etc. En 1970, en la parte central de Estados Unidos cayó granizo gigante que medía unos 44 cm de diámetro, es decir, ¡del tamaño de un melón!.



Si vas caminado por la niebla, sabrás cómo se siente tener la cabeza en las nubes. La niebla no es más que una nube en la superficie de la Tierra. 

Como las nubes del cielo, la niebla está  compuesta de gotas de agua o cristales de hielo suspendidos en el aire. Por eso tu piel se siente húmeda cuando caminas por la niebla.

En los valles y otras zonas bajas, la niebla se suele formar en las noches claras cuando el aire contiene mucha humedad y sopla con calma. Si no hay nubes que reflejen el calor de regreso al suelo, éste libera calor y, conforme el calor escapa, el suelo se enfría. La capa de aire cerca de la superficie también se enfría. El vapor de agua que flota en el aire se condensa, formándose una niebla delgada o neblina (abajo). 

Normalmente, la neblina se "quema" durante la mañana mientras el sol calienta el suelo.

La niebla en la costa sucede porque el aire caliente y húmedo llega del Océano y cerca de la orilla pasa sobre una corriente fría. Luego sigue su camino a la tierra fría. Conforme el aire se enfría, una niebla densa, como una cobija, se forma en la costa. Este tipo de niebla se conoce como niebla monzónica. 

Estas nieblas son más densas y duran más que la neblina descrita más arriba. Con frecuencia, impiden la visibilidad a lo largo de la costa, poniendo en peligro a las embarcaciones que se acercan a ella.



Generalmente tu aliento es invisible. Sin embargo, en los día fríos se hace visible ya que cada vez que exhalas creas una pequeña nube.

Aunque la temperatura en el exterior descienda, tu cuerpo se mantiene a 37 grados centígrados. Así, el aire que exhalas en un día frío está mucho más caliente que el aire de afuera.

Puedes sentir el calor de tu aliento si pones tus manos cerca de tu boca y exhalas. Cuando el aire caliente se mezcla con el aire frío exterior, el vapor de agua de tu aliento se condensa (se convierte en gotas de agua) y se forma una especie de nube pequeña. 

Lo mismo sucede cuando el agua hierve en una cacerola. Al salir  de la cacerola, el vapor de agua se mezcla con el aire frío del cuarto y se forma una pequeña nube.

Como la nube de la cacerola, la nube de tu aliento se desvanece y evapora. Pero cada vez que exhalas creas otra nube.

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